Baker, Haya de la Torre, Leguía e Ychicawa despliegan la física del impacto en ‘Pinball’, su nuevo disco colaborativo

La estructura de ‘Pinball’ el nuevo trabajo de Andrew de Chair Baker, Francisco Haya de la Torre, Teté Leguía y Ken Ychicawa propone un sistema de interacción basado en la reacción inmediata. El álbum prescinde de las jerarquías instrumentales tradicionales para que el saxofón, el piano, el bajo y la batería operen bajo una lógica de construcción conjunta. En esta entrega, el sello A Tutiplén Records ofrece una pieza que privilegia la creación de espacios sobre la organización melódica, permitiendo que el azar dicte las formas que adopta cada segmento. Los cuatro músicos actúan como responsables de un entorno que cobra vida y se destruye mediante el sonido.
El concepto central del disco emula la mecánica de una máquina de juegos. Las intervenciones de Francisco Haya de la Torre en la electrónica y el piano generan trayectorias que chocan contra la base rítmica de Ken Ychicawa y Teté Leguía. Esta dinámica de rebotes produce un relato que avanza mediante la colisión constante, donde el silencio resulta tan relevante como el ruido. Andrew de Chair Baker utiliza su saxofón para inyectar texturas que deforman la percepción del espacio, logrando que el aire se transforme en una presencia física que ocupa la habitación. La técnica sirve para trazar rutas imprevisibles.
Detrás de este álbum reside una exploración técnica profunda sobre la identidad de los instrumentos. Los intérpretes decidieron llevar sus herramientas al límite, utilizando el procesamiento electrónico para alterar la naturaleza orgánica de la grabación. El bajo de Leguía y la batería de Ychicawa establecen una base que prescinde de los patrones cíclicos, optando por una comunicación fragmentada. Este lenguaje técnico permite que la obra se perciba como un ente vivo que reacciona ante el menor estímulo de sus integrantes. La grabación captura esa tensión constante entre el control y el desbordamiento.
A Tutiplén Records reafirma su interés por las obras de alta complejidad al respaldar una producción que ignora las demandas del mercado. La historia de estas sesiones de grabación revela un compromiso total con la honestidad creativa, donde el objetivo principal consistió en documentar la interacción humana sin filtros previos. El resultado muestra una claridad que permite apreciar los matices de cada golpe y la profundidad de los vacíos. El disco se instala en el catálogo del sello como un ejemplo de rigor artístico aplicado a la experimentación más radical.
El valor de Pinball reside en la capacidad para transformar el ruido en un lenguaje comprensible para quienes buscan experiencias auditivas distintas. La amalgama de estas cuatro mentes creativas produce una obra que exige atención plena para descifrar sus capas internas. Al cerrar el registro, queda la certeza de haber asistido a un ejercicio de libertad absoluta donde el riesgo técnico fue la única brújula. Esta entrega deja una marca clara en la historia de la música improvisada nacional al demostrar que el diseño sonoro puede nacer de la colisión más pura.
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